Título: Blow up blow up
Autor: Joan Fontcuberta
Editorial: Periférica
Págs: 96
Precio: 14 €
Lo primero que hace uno cuando ve la película de
Antonioni, Blow up, Blow Up es emocionarse con el silencio de la imagen, la
poesía del objetivo, con lo que sabes que está, pero apenas percibes. Este
libro de Joan Fontcuberta está basado en el conocido film del cineasta italiano
y nos hace partícipes de un maravilloso juego entre la convicción de lo que es
verdad y lo verdaderamente ficticio del mundo fotográfico.
Todos conocemos la obra de Julio Cortázar, entre sus
fantásticas narraciones, el cuento Las babas del diablo, es uno de
los que más ha sido estudiado.Blow Up, la película sobre la que ha
trabajado Fontcuberta está basado en este texto, tomando prestado al personaje
protagonista, un fotógrafo llamado Sergio Larraín.
Las babas del diablo nos acerca al mundo Michel, un ser obsesionado con una fotografía
ampliada en la pared, idea que ha desarrollado Joan Fontcuberta en su libro, y
donde descubre la realidad que hay detrás de la experiencia visual. De esta
manera, y al igual que en el cuento, por medio de una superposición de planos,
el ser humano, encarnado en el cuerpo de Michel, construye un deseo que le
lleva a poseer un sentido desvirtuado de sí mismo y de la cotidiana realidad.
Todo a partir de un fotograma de la película, aumentado
hasta que casi pierde su forma real. Con esto, el autor nos quiere poner
sobreaviso, como en casi todas sus muestras de fotografía, ante la construcción
de un paradigma real-irreal y verosímil-inverosímil que toda obra artística contiene
en su más íntima esencia.
A partir de los duplicados de 35 mm de cada uno de los
fotogramas, Fontcuberta nos anima a seguir dando rienda suelta a nuestra imaginación e ir
ampliado uno a uno los negativos, para conocer con mayor profundidad la vida
del protagonista del relato.
Es algo
profundamente conmovedor cómo, con las ampliaciones de la escena utilizada como
eje central de la obra, vamos cayendo en picado hacia un cúmulo de
informaciones intrínsecas de la película, que de otra manera, nos pasarían
desapercibidas.
De esta
forma, quedamos inmersos en el más puro estado de la imagen, en la naturaleza
más íntima del retratado.
En el libro,
el autor nos relata cómo ha desarrollado la técnica que le ha llevado a poner
en jaque nuestra propia capacidad de creer que todo lo que vemos no es más que
producto de nuestra imaginación.
No nos queda
más remedio que aceptar la propuesta de Fontcuberta, al fin y al cabo, él es el
genio de la imagen. A pesar de todas las artimañas, en el más inofensivo
sentido de la palabra, que utiliza para hacernos ilusionistas por un día, pues
con nuestra más profunda mirada, hacemos del mayor esperpento gráfico una
imagen arrebatadoramente bella, pues no está sino en nuestra mente, y eso, a
estas alturas de la película, para nosotros lectores empedernidos, nos da para
escribir un novelón.
Elvira Ramos

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