Tengo entendido que la entomología es una de tus
grandes pasiones. ¿Ha influenciado ella de alguna forma en tu literatura?
Interesarme por los insectos ha
sido y es para mí una forma especialmente instructiva de acercarme al fenómeno
de la Vida , no
en vano se cuentan entre los animales más antiguos que habitan hoy día nuestro
planeta. Comprender ese fenómeno es esencial para el conocimiento de uno mismo
y para la comprensión de la naturaleza humana, y pienso que ambas cosas son muy
importantes para cualquier escritor. En ese sentido, puede decirse que la
entomología sí ha influido en mis obras literarias. No es casualidad, por lo
demás, que uno de los personajes protagonistas de mi primera novela se dedicase,
precisamente, a la entomología.
¿Alerta
pandémica? es tu segunda novela, ¿tiene alguna relación con Amaroncachi, el agua de la anaconda (Meteora, 2007)?
En primer lugar, yo me dedico
profesionalmente a la virología, y la primera coincidencia entre ambas novelas es
el tener a los virus como protagonistas principales: los hantavirus pulmonares en
la primera y los virus de la gripe en la segunda. En segundo lugar, en ambas
novelas se incluye la manipulación genética de un virus como parte de la trama
literaria. La polémica en curso en torno a la censura de la publicación del
trabajo de dos grupos de investigación, que han logrado recientemente crear
sendas cepas de virus de la gripe aviar muy probablemente capaces de
transmitirse eficazmente entre las personas por la vía respiratoria, ha venido
hoy a trasladar ese asunto desde el mundo de la ficción al de la realidad. En ¿Alerta Pandémica? eso es sólo una parte
menor de la novela, pero en Amaroncachi es
la novela misma. Por lo demás, la experiencia de escribir una y otra fue para
mí muy distinta, y no sabría decirte realmente con cuál de las dos disfruté más
o cuál de ellas me parece mejor. Tal vez, por decir algo útil, en Amaroncachi hay más vivencia y más
pasión, y en ¿Alerta Pandémica?, más
reflexión.
¿Qué es la Ficción Científica
y cómo diferenciarla de la
Ciencia Ficción clásica?
Bajo el paraguas de la
ciencia-ficción se acogen cosas muy diversas, incluyendo a menudo la fantasía
pura y dura. La ficción científica separa de todo lo demás aquello que se
fundamenta bien en el conocimiento científico y que tiene, por consiguiente, algún
viso de realidad. Como lector, no me disgusta en absoluto la fantasía, todo lo
contrario. Pero como escritor, lo que a mí me interesa más, por el momento, es
esa ficción que puede –o que podría en algún momento- aproximarse a la
realidad, en eso soy fiel a esa frase de Mark Twain que dice que la diferencia
entre ficción y realidad es que la primera tiene que resultar creíble.
Obviamente, eso sólo puede lograrse si se disponen de conocimientos suficientes
sobre las cuestiones que se plantean, y es por eso que mis historias han girado
hasta ahora en torno a los virus. Proporcionar esa credibilidad a la historia
que se cuenta, por ejemplo, en Amaroncachi
me supuso muchas horas de estudio y de reflexión. En ese sentido, pienso que mis
novelas de ficción científica cuentan, en relación a muchas otras, con la
virtud de haber sido escritas por alguien que es especialista en los temas que
se tratan, y que eso quizá las haga mejores que otras. Además, para los
lectores hispanohablantes, presentan la ventaja de haber sido escritas
directamente en castellano, lo que no es frecuente en este género.
Para muchos escritores dar título a su obra es un
momento crítico, ¿cómo llegaste al tuyo?
La idea de escribir esta novela
surgió cuando me vi profesionalmente involucrado en el análisis del brote
epidémico de gripe del año 2009 y en la evaluación de la situación que
desembocó finalmente en la declaración de la alerta pandémica. Por lo tanto, lo
esencial del título de la novela estuvo ya ahí desde el principio. Luego, a
medida que fui acumulando información y reflexionando sobre ella, surgieron los
signos de interrogación. Comprendo que titular una novela con un interrogante
no es habitual y puede resultar chocante, pero esos signos se me hicieron
absolutamente necesarios en este caso, no es casualidad ni capricho que estén
ahí.
Según el plan de preparación global de la Organización Mundial
de la Salud
(OMS) ante una posible pandemia de gripe, existen seis fases de alerta. ¿Se
violó alguna de estas fases en tu novela?
Por muchas razones – y pienso
que todas muy sensatas- yo he querido dejar muy claro en todas partes que mi
novela es sólo una obra de ficción, que no pretendo en absoluto presentarla
como una obra de denuncia de nada que haya sucedido. Por eso utilizo nombres
imaginarios para las instituciones que aparecen en ella y me invento también
otras cosas. En ¿Alerta Pandémica?,
esas fases que mencionas no son seis, sino ocho. La novela se centra en las
circunstancias que permiten situar las cosas en el nivel 8 de alerta, que
tendría su paralelismo en la realidad en el nivel 6 que establecen los
documentos de la OMS. Sin
embargo, todo lo que se cuenta en la novela sobre los cambios realizados en
esos documentos coincide con la realidad; es decir, con los cambios que
realmente se introdujeron en los documentos reales, que ya llevaban algunos
años estudiándose y que entraron en vigor cuando ya se había detectado la
aparición del nuevo virus H1N1 en Méjico. La clave de la cuestión reside,
precisamente, en que ni en la novela ni en la realidad se viola ninguna norma
vigente cuando se declara la pandemia, ya que se hace después de haber puesto
en vigor los cambios que permiten que la declaración quede perfectamente de
acuerdo con las normas.
Insistes en todo tu libro, desde el prólogo hasta
los agradecimientos que se trata de una ficción. ¿Por qué no logro creerte?
Para mí, una obra de denuncia
es una cosa muy seria que debe fundamentarse en las pruebas acumuladas a lo
largo de una investigación rigurosa. Yo no he llevado a cabo tal investigación
ni poseo tales pruebas, y sería por tanto muy irresponsable –y tal vez incluso
delictivo- por mi parte pretender denunciar nada. No obstante, algunas de las
circunstancias que se concretan en la novela se corresponden perfectamente con
hechos reales, y es quizás eso lo que pueda mover al lector a no creerme por
completo cuando le digo y le aseguro que lo que ha leído es ficción. Algunos
textos de los documentos de la OMS
se cambiaron exactamente en el sentido que se describe en la novela. Todo lo
que se cuenta sobre las características del virus pandémico, y sobre sus
semejanzas con ciertos virus gripales detectados previamente en los Estados
Unidos, responde a la realidad. Los datos sobre la evolución de la pandemia y
sobre su mortalidad asociada son reales, y los que se mencionan sobre la
evolución de las ventas del Fluriol se corresponden exactamente con los
disponibles para un antiviral real cuyo nombre no voy a mencionar. También es
real todo lo que se dice sobre la eficacia de los antivirales y de las vacunas
frente a la gripe, y son también reales los datos sobre la cobertura vacunal
alcanzada en España en 2009 y sobre cuál era aquí la situación del brote
epidémico cuando pudo comenzarse finalmente la campaña de vacunación.
Es, además, completamente
cierto que se produjeron dos investigaciones parlamentarias sobre este asunto
-una en Holanda y otra en el Consejo de Europa-, y que una de ellas derivó en
el cese de un reputado virólogo europeo como asesor del ministerio de salud de
un importante país de la
Unión. Por último, también es cierto que los medios de
comunicación mostraron un extraño desinterés por esas dos investigaciones, si
se considera que todos habían mantenido la pandemia en primera página durante
meses. Excepto la última, todas las notas de prensa que encabezan la tercera
parte de la novela se corresponden textualmente con notas publicadas por
diferentes medios en las mismas fechas, cambiando sólo lo necesario para
encajarlas en la novela y atribuyéndolas a otros medios de comunicación
diferentes de los reales. La bibliografía que se aporta al final de la novela
respalda buena parte de todo esto que digo.
La novela es, en definitiva,
una ficción montada en torno a una realidad, pero es ficción.
Desde los tiempos de Ronald Reagan (y aún antes) se
habla de un gobierno detrás del gobierno. Verdaderos señores del mundo: ¿hay
algo de cierto en esto?
Personalmente, pienso que las
cosas son -no sé bien si por suerte o por desgracia-mucho más complejas que
eso. Es obvio que el poder de los gobiernos es hoy día más limitado que antaño,
pero dudo que esas limitaciones las establezca ningún “sanedrín” que opere en
la sombra y que acuerde las decisiones. El entramado de los intereses
económicos es en la actualidad -pienso yo- demasiado complejo como para eso, y
me parece que las presiones sobre los gobiernos responden más a dinámicas de
naturaleza caótica que a ocultas y turbias planificaciones. Creo que los
sucesos de los últimos años nos enseñan que la sociedad funciona según lo que físicos
y matemáticos definen como “sistemas complejos”, cuya caótica y azarosa dinámica
pulveriza cualquier intento de predecir su comportamiento. En realidad, esto es
así porque así es, y así se comporta, la Naturaleza , y nosotros no somos más que una parte
integrante de ella. Los seres humanos no somos “diferentes”. Lo “artificial” es
un mito, no existe. Sólo existe esa Naturaleza que incluye en sí, sin
excepción, todas nuestras obras, todas nuestras emociones y todos nuestros
comportamientos, y que nos somete en todo momento a sus leyes.
¿Quiénes mueven los hilos de las pandemias? ¿Quiénes
se benefician?
La palabra “pandemia” carece de
un significado consensuado. Sólo en el caso de la gripe existe una definición
que permite delimitar con objetividad cuándo una determinada situación
epidemiológica entra en la consideración de pandemia. En ese sentido, la
pandemia gripal declarada en 2009 cumplió todos los requisitos exigidos en los
documentos aplicables, por lo que la declaración fue formalmente correcta, otra
cosa es juzgar si lo que establecen esos documentos es o no acertado. A la
vista de lo sucedido, yo pienso que no lo es, y que los cambios que se
introdujeron en su día en ellos -que fueron claves para que aquélla situación
pudiese ser calificada como pandemia gripal- debieran eliminarse, restaurando
los textos anteriores al cambio. Por lo demás, no hay nadie, en principio, que
se beneficie de la declaración de una pandemia, aunque sí puede haber quienes
lo hagan en cada caso concreto. La industria farmacéutica es siempre el
sospechoso más probable, pero puede haber otros muy diversos. Por poner un
ejemplo, estoy seguro de que los turistas que no pasaron sus vacaciones en la Riviera Maya en 2009
las pasaron en otros sitios, y que el perjuicio que ello causó en Méjico se
tradujo en inesperados –y muy bienvenidos- beneficios para otros que fueron
completamente ajenos a la cuestión.
Peste Negra (siglo XVI), Gripe Española (1918-
1919), Sida (1980), Síndrome de las vacas locas (1990), A-H1N1 (2009) para
mencionar solo algunas. ¿Responden a algún ciclo? o ¿Evolucionan según las
técnicas de manipulación genética?
Me remito a mi comentario
anterior sobre la naturaleza caótica y azarosa de los sucesos que tienen que
ver con la Vida. Los
agentes infecciosos, como cualquier otro ser vivo, no hacen sino aprovechar las
oportunidades que se les presentan para incrementar sus opciones de
supervivencia, y las circunstancias que terminan por generar esas oportunidades
son diversas y muy complejas. Si dispusiésemos de espacio suficiente, podríamos
entrar en el análisis de las que condujeron a cada una de las situaciones que
mencionas, pero me temo que sería un ejercicio tan interesante como largo.
Desde luego, lo que sí puedo asegurarte es que no existe el más mínimo indicio
de que la manipulación genética haya tenido algo que ver con ninguna de ellas.
Los cambios genéticos sí, pero resulta que es ese, precisamente, el motor
principal de la Vida ,
el que mueve la evolución.
¿Algún nuevo proyecto literario? ¿Nos adelantas algo
a tus lectores?
¡Naturalmente!, lo hago
encantado. Ando a vueltas con un suceso que se produjo durante el último tercio
del siglo XIX entre los trabajadores de un astillero de la ciudad alemana de
Bremen, se trata del primer brote epidémico de hepatitis B científicamente
documentado en la historia de la Medicina. Las circunstancias políticas y
geoestratégicas del momento eran muy interesantes, lo suficiente como para que
-en la imaginativa mente de un novelista- aquélla epidemia pudiese haber
respondido a circunstancias… digamos “provocadas”. Además, el momento histórico
sería el adecuado para hacer entrar en acción a un personaje muy especial que
se conoció años más tarde como “G”, el primer “G” de una serie ya famosa. Aún
no estoy completamente seguro, tengo por delante bastantes horas de estudio,
pero tal vez pueda haber ahí una buena novela, ya veremos.
¡Gracias José Manuel Echevarría por tus francas
respuestas! Y por implicarte tanto en esta entrevista. En nombre de todos tus
lectores –e invito a los que aún no lo son- te doy las gracias.
Ricardo
Acevedo Esplugas
Sobre el Autor: José Manuel Echevarría Mayo (Madrid,
1953) es licenciado en Ciencias Químicas y doctor en Farmacia por la
Universidad Complutense, y posee la titulación de especialista en Microbiología
y Parasitología. Es socio fundador de la Sociedad Española de Virología y de la
Sociedad Europea de Virología Clínica, y ostenta actualmente la jefatura del
Área de Virología en el Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud
Carlos III. Es autor en más de 200 artículos publicados en revistas científicas
y en otras publicaciones especializadas, incluyendo algunos de neto carácter
divulgativo. También ha publicado en el campo de la Entomología, una de sus
grandes aficiones. Su actividad como escritor de ficción no se inició, sin
embargo, hasta 2007, con Amaroncachi, el agua de la anaconda, su primera
novela. Lector asiduo de narrativa, su formación y su afición lo llevaron desde
el principio a decantarse por la ficción científica, género tradicionalmente
poco cultivado en lengua castellana, pero de notable éxito internacional. Con
¿Alerta Pandémica?, su segunda novela, se afianza en dicho género, al tiempo
que sigue los magistrales pasos del polémico y malogrado Michael Crichton.



No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada