Título: El duelo
Autor: Aleksandr Kurprín
Traducción: Gonzalo Guillén Monje
Editorial: Nevsky Prospects
Págs: 320
Precio: 20 €
"Así es hoy, será mañana y, también, pasado mañana.
Siempre será igual hasta el final de mis días -pensaba Romáshov, yendo de una
sección a otra-. ¿Por qué no lo dejo todo y me voy? ¡Qué triste...!" Esta frase
que podemos encontrar bien avanzado el libro de El duelo resume con una perfecta linealidad el desarrollo de este
soberbio libro a la altura de Turgueniev, y si no, ya me lo diréis.
El duelo narra la historia de un soldado combatiente en la Rusia zarista. El
narrador omnisciente nos describe las penurias que Romáshov comparte con sus
compañeros, y cómo afronta, no solo las inclemencias del tiempo, sino las
guerras internas del regimiento al que pertenece, los desacuerdos en qué
órdenes ha de cumplir, y sobre todo, la imperiosa necesidad de
respuestas. En continua lucha interna con su conciencia y ante la imperiosa
necesidad de sobrevivir física y emocionalmente, el autor nos aporta una
descripción psicológica conmovedora de los sentimientos de incomprensión de lo
que el protagonista está viviendo, de cómo ha llegado hasta allí, y de por qué
no encuentra la forma de recuperar su vida.
Sorprendente
la capacidad que tiene este autor, Aleksandr Kurprín, para tomar los temas más
utilizados en la literatura rusa e ir adaptándolos, progresivamente, a las
tendencias literarias que estaban llegando a la Europa de principios del siglo
XX.
Novela de un
frío y crudo naturalismo que invita a la desesperanza, sobre todo en estos
tiempos que corren, en los que no se hace otra cosa que observar lo que
acontece con más miedo que vergüenza, solo en algunos casos.
Esta
capacidad de observación que tenemos el placer de disfrutar en las narrativas
descripciones del campo de batalla, así como de la psicología de los
personajes,(soberbia la discursividad de Romáshov con sus compañeros de fatigas
bélicas), la adquirió Kuprín durante su vida militar como teniente de un
regimiento ucraniano.
En estas
circunstancias, el autor desarrolló unas dotes de observador de la vida de
provincias que luego usó descaradamente en este trabajo literario. De hecho,
este libro le sirvió para ganar el prestigioso premio Pushkin en 1905.
El
protagonista de la novela, Romashov, podría ser cualquier joven inteligente,
con capacidad reflexiva, conocedor de las injusticias que se están cometiendo a
su alrededor, pero sabedor de que la impotencia es lo único con lo que cuenta
para mantenerse vivo.
Un estremecedor
relato sobre las condiciones ínfimas de supervivencia del ejército del zar en
la Rusia de principios del siglo XX. Lo más asombroso de esta obra es cómo van
sucediéndose las descripciones psicológicas de todos los personajes que
facilitan el desarrollo de la trama argumental.
Toda una
sucesión de vidas que no tienen más intención que caminar entre el campo de
batalla y el regimiento, de borrachera al prostíbulo pasando por las peleas
entre ellos, a causa de muchas y variadas, (perfectamente descritas),
vejaciones cometidas.
En este
libro queda totalmente destruida la imagen del oficial del ejército que soporta
una mísera vida llena de degradación y pobreza de espíritu.
No esperen
una historia de amor, esto no es Doctor Zhivago, se trata de una historia de
supervivencia, absolutamente realista y naturalista, donde queda retratada la
dureza del final de siglo XIX y el principio del XX, donde se establecieron las
bases espirituales y morales de una Europa que,
a fecha de hoy, no recuerda en qué batalla las perdió, ni si las va a
recuperar, porque ahora, como en el libro, solo tratamos de sobrevivir, sin
pararnos a pensar que la lucha debe empezar en uno mismo, que para matar al
soldado enemigo hay que estar seguro de que tú no quieres morir primero.
Elvira Ramos

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