Título: Hablar como los dioses. Diccionario de nuestras
expresiones y términos coloquiales de origen mitológico grecolatino
Autor: Fernando Castelló
Editorial: Evohé
Págs: 224
Precio: 16.40€
El escritor Fernando Castello nos deja muy
claro sus intenciones: En defensa, pues
de esos orígenes idiomáticos con tantos otros europeos, van estas más de
trescientas entradas a palabras y dichos metafóricos que los adornan y
enriquecen gracias a tantos machos blancos, muertos en el mundo grecolatinos
antiguo no sin antes legarnos sus obras inmortales.
En
hablar como los Dioses. Diccionario de nuestras expresiones y términos
coloquiales de origen mitológico grecolatino toma frases de nuestro vocablo que usamos continuamente y del cual
ignoramos normalmente sus verdaderos principios legendarios. Como sucede con Beber
en las fuentes (Informarse de buenas fuentes, información fidedigna): Ya en la antigüedad griega se aplicaba la
expresión griega y se “bebía” para inspirarse en las fuentes de Aganipe,
Hipocrene, Castelia, Pirene; o, para cultivar la melancolía, en la de la
Biblia. Los romanos buscaban rejuvenecer en la de Juventus[1] y buscada infructuosamente por Ponce de León
en la Florida.
Incluso en los ecos de la publicidad cuando
escuchamos el jingle: ¡Ájax, El más poderoso detergente! Nos enteramos que se
trata de Ájax o Áyax son dos hermanos[2], héroes de la Ilíada. Los dioses griegos y
romanos aún están entre nosotros y podemos reconocerlos o al menos intuirlos y
cada vez que citamos a Pandora, Penélope o Ariadna estamos invocándoles.
Hablar
como los Dioses es un
diccionario imprescindible para los amantes de la mitología y el origen del
lenguaje, un libro que nos acerca y hermana a los viejos dioses occidentales.
Ricardo Acevedo Esplugas
[1] Juventas o Juventus es, en la mitología romana, la diosa que
personifica la juventud. Su función era especialmente la protección de los
adolescentes en el momento de dejar atrás la infancia, rito que se llevaba a
cabo al dejar de vestir la ropa propia de infantes y tomar la toga viril, en
torno a los 16 ó 17 años. Relacionado con este momento, el joven que tomaba la
toga viril depositaba una moneda como ofrenda a Juventus. Como hija de la diosa Libertas (Higinio) a la cual
Júpiter transformó en fuente. Esta fuente mágica tenía aguas milagrosas, ya que
podía rejuvenecer a las personas que en ellas se sumergían. Como divinidad,
velaba por los púberes y los protegía de una oscura personificación, que es el
dios Senectus (divinidad de la vejez, correspondiente al griego Geras).
[2] Áyax Oileo, o “el pequeño” y Áyax Telamónida, “el grande” –primos de
Aquiles- e invulnerable como este. Tras su muerte brotó una flor de jacinto en
el punto donde cayó su sangre cuyos pétalos llevaban marcadas las dos primeras
letras del nombre de Áyax (AY) como si fueran un lamento.

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