Título: Los amigos de Eddie Coyle
Autor: George V. Higgins
Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán
Sabaté
Editorial: Libros del Asteroide
Págs: 216
Precio: 16,95 €
Gángster,
pandillas, la mafia, un grupo de atracadores, y enmedio, Eddie Coyle, un
traficante de armas que hace negocio con todos ellos. La situación se
complica en el momento en el que Eddie Coyle se sitúa en medio de la maraña de
conexiones, negocios y asuntos turbios. La cuestión será cómo salir airoso
manteniéndose al mismo tiempo al margen de todos ellos en una novela de
intereses, en la que buenos y malos se difuminan y donde el autor sólo enmarca
las situaciones por las diversas motivaciones de cada uno de los personajes.
En ocasiones
los inicios de las novelas se pueden hacer lentos. Bien porque sean
introductorios, bien porque abunden las descripciones, en ambos casos se da la
circunstancia de que las primeras páginas son más pausadas con el objeto de
encuadrar lo que vendrá después. Pues bien, esta regla se rompe en mil pedazos
cuando tenemos en nuestras manos Los
amigos de Eddie Coyle. Desde el primer momento se nos sitúa en la acción,
asistimos casi sin darnos cuenta al germen de lo que posteriormente será la
trama. Pero es que además Higgins lo hace en los primeros capítulos, sin siquiera
adelantarnos el nombre de los protagonistas, sino sólo un adjetivo para
distinguirlos.
Posteriormente
el autor sí que nos aporta el nombre de cada uno de los personajes. Pero sólo
eso, porque las descripciones son escasas, más bien todo juega en nuestra
imaginación. Para contrarrestar esta posible laguna, además de que los diálogos
son constantes, se conciben como diálogos reales, sin farsas, sin
exageraciones, como si se estuviera copiando lo que dos personas dicen por la
calle. Porque eso es lo que precisamente es esta novela: de la calle, en la que
se narra los bajos fondos del tráfico de armas, el ir y venir de las
negociaciones, además de los intentos de la policía por frustrar cada uno de
los intentos.
Los diálogos
rápidos y asimismo, el hecho de que los capítulos (sin excepción) sean cortos,
hace que la novela tenga mucho dinamismo. Que el lector quiera saber qué ocurre
a continuación, qué le pasa a Eddie Coyle y a sus amigos.
Hay que
reconocer que la historia es compleja hasta que se le coge el tranquillo: hay
una gran variedad de personajes, acciones distintas y cosas que desconocemos.
Sin embargo, conforme se va avanzando, al final el lector consigue sacar la
visión global que buscaba el escritor. La sensación es que, miremos donde
miremos están ocurriendo situaciones importantes que de algún modo influirán en
el devenir de los acontecimientos. Por este motivo hay que estar atento y no
perder de vista ningún detalle. Aquí nada es lo que parece.
Laura Corral

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