Título: Sayonara sushi
Autor: Raúl Romeva
Editorial: Plaza y Janés
Págs: 224
Precio: 16,90 € / 10,99 €
Raúl Romeva era conocido por su
actividad política, por su labor en el parlamento europeo. Ahora se lanza al
mundo de la ficción –no es su primer libro pero los anteriores lo fueron de no
ficción- por lo que éste es su bautizo literario. El título: Sayonara sushi. Un thriller con
trasfondo ecológico y de denuncia social.
El propio autor admitía en su
presentación a la prensa que le parecía que hablar del tema de la sobrepesca o
de las redes de inmigración ilegal daban para un formato como el de la novela
dado que la posibilidad de llegar a un mayor número de lectores no se daba a
través de un ensayo como los que ya había escrito con anterioridad. Así nos encontramos
con este Sayonara sushi. Y tenemos
un poco de acción, un poco de sexo –incluido sexo homosexual entre mujeres,
para los morbosos- y bastante de
trasfondo ecológico que es a la postre lo que más me ha interesado del libro.
Las heroínas son una periodista de
Televisió de Catalunya, TV3, Paula Ramos, y una parlamentaria europea de
izquierdas nada al uso, Kira.
El argumento: Un atunero que estaba
recogiendo una de las jaulas de pesca vislumbra un naufragio. Sus tripulantes
no prestan ayuda a los náufragos pero algunos de éstos logran sobrevivir
gracias a agarrarse a la jaula. Llegan a Malta. Paula Ramos, enterada de la
noticia por televisión, lleva a su equipo, su cámara, con la intención de
investigar una posible red de tráfico de inmigrantes. Una vez allá topa con una
realidad bastante peor. Descubre todo un entramado
político-económico-contrabandístico del que no se salva ni la Comisión Europea.
Descubre la política corrompida y los intereses de una multinacional japonesa
en la pesca del atún y hasta pone en peligro su vida. Y hasta aquí puedo
contar.
Desde el punto de vista del contenido,
es interesante ver utilizar a un político la ficción para contar cosas que
suceden en la política europea mostrando por una lado una faz comprometida de
ciertos políticos y por el otro la faz oscura de los que se venden por
intereses económicos, en este caso de las empresas que acaban comprando el
pescado para su consumo en Japón como sushi. También nos lleva a reflexionar
sobre la moda del sushi y a que tomemos conciencia de cuán perentorio es el
equilibrio del mar, en este caso del Mediterráneo y del atún rojo a punto de la
extinción. Sirve de reflexión sobre una realidad más o menos oculta que aquí se
convierte en narración ficcionada. En este sentido podíamos decir que es un
libro atrevido y valiente.
Por otro lado, resulta preocupante que
la política no baste para denunciar lo que el libro muestra. Como si tanta
noticia de telediario, tanto mensaje interesado nos tapasen los ojos, los oídos
de otros realidades que se ocultan simplemente porque no interesan. Sobre el
particular lo máximo que oímos hablar es sobre la cantidad de cuotas de pesca
que corresponden a un país o a otro, pero nada del contrabando de votos para
aprobar una directiva, o para hacerse con un porcentaje determinado de pesca.
Desde este punto de vista Sayonara sushi
supone una defensa a ultranza de una forma de hacer política alejada de los
trajes y de la corbata y cercana a la acción directa. Entre medio de ello
aparecen las ONG y Greenpeace en particular.
Desde el punto de vista literario,
destacar a las dos protagonistas femeninas que mantienen la acción tanto desde
el punto de vista del desarrollo de la misma como desde el punto de vista
sexual, pues hay una subtrama dirigida a que se conozcan. Hay otra subtrama del
hermano de Paula que queda un poco desdibujada y hasta cierto punto
desconectada de la acción e historia principal.
Así pues, el título no puede ser más
acertado: Sayonara sushi. Algo así
como adiós sushi o se acabó el sushi, porque la sobrepesca acaba con el
pescado. Pero Sushi también es el sobrenombre de la protagonista a la que se le
pone ese mote por su afición al producto. Tras leer el libro seguro que más de
uno pensará en qué tipo de pescado está comiendo.
Sayonara
sushi un libro que un lector voraz devorará en una tarde.
Luis Vea

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