Título: Segunda residencia
Autor: Margarita Leoz
Editorial: Tropo Editores
Págs: 206
Precio: 18 €
¿Quién dice que el
trece no es un buen número? Trece son los relatos que componen Segunda residencia, este libro de
Margarita Leoz, el segundo de esta autora que debutó en 2008 con El telar de Penélope, un volumen de
poesía, y el resultado no podía haber sido mejor. Tal vez el título del libro
sea un guiño a esta segunda ocasión.
Leoz dibuja escenarios
por los que transitan personajes corrientes que se enfrentan a situaciones
límite, a dilemas morales. Pero estos conflictos que plantea la autora son
momentos en apariencia poco trascendentales, estampas de la vida cotidiana de
cualquiera de nosotros, lo cual ayuda a la identificación. Aparentemente no
pasa nada, los personajes apenas evolucionan, son momentos congelados en el
tiempo que tampoco resultan trascendentales aunque tienen la capacidad de
enganchar al lector. Y eso es porque bajo esa apariencia de normalidad y de
intrascendencia hay mucho más. La autora esconde más de lo que muestra y estas
historias son solo la punta de un iceberg que queda oculto a los ojos del
lector que sigue indagando cuando ya la lectura ha acabado.
El elenco de personajes
que habita estas narraciones es muy variado. Hombres y mujeres de diversas
edades, incluso niños. Es resaltable la capacidad de esta escritora para
ponerse en la piel de personas tan distintas. La vida de pareja es la
protagonista de cinco de estas piezas. Parejas que siguen adelante soportanto el
hastío, las infidelidades o pese a saber que lo suyo ya hace tiempo que dejó de
funcionar. Pero también hay sitio para algunas mujeres independientes,
profesionales que viven solas, y hasta para algún que otro muchacho enamorado. Sin
olvidar los conflictos entre padres e hijos, los fantasmas del pasado que
regresan, el paso del tiempo y las ilusiones perdidas o las personas que se
enfrentan a su propia soledad. Estos son algunos de los temas que podemos
encontrar en el libro. Vidas anodinas y rutinarias aderezadas con conversaciones
banales.
Leer a Laoz hace pensar
en autores como Gonzalo Calcedo y en algún que otro cuentista norteamericano
del siglo pasado. La autora juega a la sugerencia. Y lo hace con un estilo
sencillo y en primera persona, lo cual propicia la cercanía con el lector y que
la lectura fluya sin complicaciones. Solo un pero: en algún momento los finales
parecen precipitados y muchos cuentos parecen inacabados. A veces, tal vez, se
echa en falta que la autora haya ido un poco más allá. Está bien intuir, poner
las neuronas a trabajar, pero en ocasiones se nota a faltar algo. En cualquier
caso, hay mucho de bueno en Segunda
residencia.
María Dolores García Pastor

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