Título: Una oración por
Katerina Horovitzová
Autor: Arnost Lustig
Traductora: Patricia
Gonzalo de Jesús
Editorial: Impedimenta
Págs: 165
Precio: 16,95 €
Arnost Lustig
escribió Una oración por Katerina Horovitzová y ahora lo edita
Impedimenta, rescatándolo del olvido.
Arnost Lustig
(1926-2011) sobrevivió a los campos de concentración nazis, entre ellos el
terrible Auschwitz. Al terminar la guerra, fue corresponsal de la radio checa y
cubrió el conflicto árabe-Israel que tuvo lugar en 1945 y desde ahí comenzó su
carrera literaria, abarcando, además de novelas, guiones y relatos. Él mismo
dirigió algunas de sus adaptaciones y esta misma novela fue llevada a la gran
pantalla. Obtuvo el Premio Kafka y fue nominado varias veces para el Premio
Nobel de Literatura.
Esta novela está
basada en hechos reales. Y está contada de un tirón, sin capítulos ni
apartados, como si estuviéramos asistiendo a lo que sucede, viviendo junto con
ellos lo que les va sucediendo, a tiempo real. Y ciertamente casi es una obra
de teatro. Asistimos a los hechos en directo, unos hechos terribles que
comienzan con la llegada del grupo de 18 millonarios judeo americanos al campo
de concentración de Auschwitz cuando está a pleno rendimiento en su macabra
asignación. Desde que llegan, el horror de las cámaras de gas está presente, el
rumor de muerte les acompaña continuamente a pesar de no querer creerlo del
todo. Nada más llegar un oficial que conoce su oficio de verdugo les va
conduciendo por una seria de engaños hasta conseguir lo que quiere. Herman
Cohen, el portavoz del grupo, se apiada de una chica, que recién llegada como
ellos al campo junto con su familia, digamos, la adopta. Desde ese momento,
Katerina, entra en juego con sus remordimientos por haberse salvado y su gente,
no. El grupo entra en un sinsentido de tiras y aflojas orquestado por el
oficial que los maneja como quiere, sabiendo siempre dónde tienen que acabar.
Los prisioneros
del campo, genialmente presentados en las personas del sastre que les hace unos
trajes a medida como parte de la gran burla, y del rabino de Lotz, que también
tiene parte en la pantomima, nos acercan al horror de saber y no poder contar,
de sobrevivir entre los muertos y de tener plena conciencia de que ellos mismos
pueden acabar donde acaban todos al minuto siguiente.
Vivimos, junto
con el grupo, las ganas de creer en lo que les prometen; vivimos sus dudas, sus
miedos, su generosidad, su mezquindad, su humanidad y junto con ellos también
somos testigos de cómo Katerina va más allá de sus miedos y sus culpas y
comprende en el último momento, dónde está, actuando como, desde luego, nadie
hizo. O muy pocos.
Es una historia
humana entre lo inhumano, unos retratos geniales, hechos sutilmente, de las
distintas facetas que se aunaron en ese infierno. Una historia que vale la pena
saber.
Eva Monzón Jerez

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